Eres como lo que yo entiendo por un mapache. Tal vez como soy algo analfabeto me equivoco.
De escondidas entras en mi cerebro, remueves un poco la mierda, me robas lo más importante, y cuando me entero y quiero decirte: "¿¡Oye pero tú que haces!?" ya te has dado a la fuga y me has dejado aquí tirado, sin ti, viéndote huir mientras escucho una risa malévola en mi cabeza.
Debería mandarte a la puta mierda, pero para cuando lo chillo a los cuatro vientos ya estas demasiado lejos como para escucharlo, entonces a mí se me pasa el enfado, y al cabo de un tiempo tú vuelves a robarme.
Todo esto comienza a darme nauseas.
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